domingo, 1 de junio de 2014

FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ-FILBO 2014



Hace un poco más de dos semanas concluyó la Feria del Libro 2014, una cita con la lectura que casi nunca me pierdo. El “casi nunca” se debe a que no asistí cuando el país invitado fue Japón porque mis obligaciones académicas no me lo permitieron y de lo cual me arrepentiré siempre.

En esta ocasión  Perú repitió como país invitado y contó con la visita del ilustre Mario Vargas Llosa, a cuya conferencia me fue imposible entrar debido a la increíble concurrencia. Además, por lo que pude ver en los videos de aquellos afortunados que si pudieron ingresar, las sorpresas estuvieron a la orden del día para lo que debió ser una tranquila charla con un escritor de renombre mundial. El elemento sorpresa estuvo a cargo de un activista decidido atacar con algunas arengas políticas que fueron acalladas por los gritos y aplausos del auditorio, que no estaba dispuesto a dejarse robar el momento mágico con Vargas Llosa.



Debo aceptar que el pabellón del país invitado era bello pero esperaba un poco más, aunque no podría especificar qué. A riesgo de parecer superficial, me atrevo a asegurar que lo que más disfruté de este pabellón fue el pisco que por supuesto no me decepcionó. Para mi fortuna, la de mi acompañante y tres visitantes más la persona encargada de preparar nuestros tragos se equivocó en la medida del pisco “Diablo de los Andes” convirtiendo uno de mis cocteles favoritos en un “paseo por las nubes”.


También me pareció curioso el contraste entre la firma de libros del escritor colombiano Fernando Vallejo, autor de “La virgen de los sicarios” y la de la escritora  americana Becca Fitzpatrick, autora de la Saga “Hush Hush” que se encontraban en el mismo pabellón, apenas separados por unos 100 metros. Mientras los lectores de Vallejo esperaban pacientemente y de manera ordenada a que el escritor firmará sus libros, en el sector de Fitzpatrick los gritos y el desorden de la fanaticada adolescente se asemejaba a la provocada por la visita de un cantante de moda.



Entre la gente que trabaja en el medio de la lectura o escritura académica es conocido que lo más interesante de la feria no son los libros sino las conferencias y que para aquel que le gusta leer y conseguir  ciertos libros por precios módicos probablemente sea mejor una visita al centro de la ciudad. Sin embargo no puedo dejar de sentirme atraída año tras año por la visión de tantos libros reunidos en un solo lugar. La cita anual con la feria se convierte entonces en la visita largamente esperada a una dulcería, a la que no puedo dejar asistir sin comprar algunos dulces literarios para degustar durante el resto del año, de manera privada, como un placer prohibido. 



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