Hace un poco más de dos
semanas concluyó la Feria del Libro 2014, una cita con la lectura que casi
nunca me pierdo. El “casi nunca” se debe a que no asistí cuando el país
invitado fue Japón porque mis obligaciones académicas no me lo permitieron y de
lo cual me arrepentiré siempre.
En esta ocasión Perú repitió como país invitado y contó con
la visita del ilustre Mario Vargas Llosa, a cuya conferencia me fue imposible
entrar debido a la increíble concurrencia. Además, por lo que pude ver en los
videos de aquellos afortunados que si pudieron ingresar, las sorpresas
estuvieron a la orden del día para lo que debió ser una tranquila charla con un
escritor de renombre mundial. El elemento sorpresa estuvo a cargo de un
activista decidido atacar con algunas arengas políticas que fueron acalladas por
los gritos y aplausos del auditorio, que no estaba dispuesto a dejarse robar el
momento mágico con Vargas Llosa.
Debo aceptar que el pabellón
del país invitado era bello pero esperaba un poco más, aunque no podría
especificar qué. A riesgo de parecer superficial, me atrevo a asegurar que lo
que más disfruté de este pabellón fue el pisco que por supuesto no me
decepcionó. Para mi fortuna, la de mi acompañante y tres visitantes más la
persona encargada de preparar nuestros tragos se equivocó en la medida del
pisco “Diablo de los Andes” convirtiendo uno de mis cocteles favoritos en un
“paseo por las nubes”.
También me pareció curioso
el contraste entre la firma de libros del escritor colombiano Fernando Vallejo,
autor de “La virgen de los sicarios” y la de la escritora americana Becca Fitzpatrick, autora
de la Saga “Hush Hush” que se
encontraban en el mismo pabellón, apenas separados por unos 100 metros.
Mientras los lectores de Vallejo esperaban pacientemente y de manera ordenada a
que el escritor firmará sus libros, en el sector de Fitzpatrick los gritos y el desorden de la fanaticada adolescente
se asemejaba a la provocada por la visita de un cantante de moda.
Entre la gente que trabaja
en el medio de la lectura o escritura académica es conocido que lo más
interesante de la feria no son los libros sino las conferencias y que para
aquel que le gusta leer y conseguir ciertos libros por precios módicos
probablemente sea mejor una visita al centro de la ciudad. Sin embargo no puedo
dejar de sentirme atraída año tras año por la visión de tantos libros reunidos
en un solo lugar. La cita anual con la feria se convierte entonces en la visita
largamente esperada a una dulcería, a la que no puedo dejar asistir sin comprar
algunos dulces literarios para degustar durante el resto del año, de manera
privada, como un placer prohibido.






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